La Libertad según Benoît Garceau

 Benoît Garceau

En el seguimiento de Jesús, vivir una espiritualidad de la libertad radical
Extracto de los apuntes de un retiro predicado por el Padre Benoît Garceau o.m.i. en junio de 2009.

La espiritualidad de Jesús estar basada sobre la primacía del don. Jesús nos dio la vida, la vida de Dios. Esta vida que está en nosotros es una fuente de vida eterna.

Es la dimensión mística del cristianismo. Jesús no vino proponernos una moral, un conjunto de reglas del exterior para que podamos organizar nuestra vida de manera a merecer la vida eterna. Vino para darnos la Vida, su Vida. Este don de Dios hace un llamado a lo que estamos más sedientes, a nuestro más profundo deseo. Y el fruto del don y de la acogida es la libertad radical. Para comprender el verdadero sentido de la libertad revelada por Jesús se lo encuentra en el Evangelio. Desgraciadamente, muchos filósofos de la Antigüedad buscaron comprenderlo fuera de la persona de Jesús. De costumbre, se comprende la libertad como: el poder de hacer lo que uno quiere, cuando quiere, como quiere. Se tiene que notar, eso supone muchas cosas: dinero y buenos medios financieros, una buena salud (de qué sirve tener tantos recursos si no se tiene salud), vivir sin inquietud. Se necesita una buena educación para poder administrar su vida, una buena reputación, eso supone, supone, y supone, es sin límite el poder de hacer lo que uno quiere. Ser libre como poder hacer lo que uno quiere, eso no tiene sentido porque supongamos que tendría yo todo lo que necesito para hacer lo que quiero, esto no cambia nada en mi yo, en determinismos, en mi biológico, psíquico y en la mirada de la sociedad. Eso hace a uno libre pero no libera.

Ser libre, es lo que se aprende al mirar el Evangelio, al meditar la vida de Jesús.

Ser libre, es en primer lugar estar liberado de sí mismo. Ser libre como deseo profundo en el ser humano, es no someterse, ni las cosas, tampoco los demás, hasta ni Dios es decir las representaciones de Dios como un Faraón que nos somete a sus voluntades arbitrarias.

El primer paso que se tiene que hacer es no someterse a nada. El segundo: no estar como una cosa ¿cómo es posible? Comenzando por rechazar ciertos determinismos a nivel biológico, psíquico, emocional. El tercero: ¿cómo no someterse a sí mismo? Al hacer don de nuestro ser. Transformar lo dado que nos precede en don de nuestro ser. El cuarto: ¿cómo poder hacer de su ser un don? Al abrirme a la presencia del que es don absoluto. Es lo que las grandes tradiciones llaman EL ABANDONO.

El fundamento de la libertad radical, en Jesús, se basa sobre la fe en el amor creador de Dios. Se tiene que releer el pasaje del Evangelio de Juan « Si permanecen en mi Palabra, son verdaderamente mis discípulos y conocerán la verdad y la verdad les hará libres.»  El amor de Dios libera de la esclavitud de la preocupación de la opinión de los demás. Es la sola liberación que nos libera de nosotros mismos. Nos libera de esta esclavitud que puede ser agobiante. La esclavitud frente a lo que los demás piensan de nosotros, de su opinión sobre nosotros, de su mirada sobre nosotros. En vez de construir nuestra vida sobre la imagen que nos hacemos de nosotros mismos, buscamos constantemente a protegernos contra cualquier fracaso, cualquier crítica, y uno olvida de abrirse a la Presencia inefable del amor creador en nosotros.

Podría resumir diciendo que hay dos clases de libertad: la que tenemos y la que uno es. La primera es una libertad del exterior, condicionada por lo de afuera; podemos votar, tener varios canales de televisión, podemos escoger nuestros restaurantes y nuestros menús pero esta libertad es frágil y se puede perder. La segunda, la libertad que uno es, es la que Jesús vino a revelarnos y que consiste en la conformidad entre el acuerdo en nuestra vida, nuestras opciones, nuestras acciones y nuestra más fundamental aspiración, nuestro profundo deseo. Vivir la libertad de los hijos de Dios.