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Un padre de familia, Jerónimo Le Royer de la Dauversière, funda una comunidad de Hijas hospitalarias de San José con María de la Ferre, mujer constante y fuerte...

JERÓNIMO LE ROYER, señor de la Dauversière (1597-1659)

Jerónimo Le Royer nace en La Flèche, Francia, el 18 de marzo de 1597, víspera de la fiesta de San José. Su misión será difundir el culto a este gran santo a lo largo de toda su vida.
Termina sus estudios en el colegio de su cuidad natal fundado por el rey Enrique 1V y dirigido por los Padres Jesuitas. El establecimiento real cuenta con profesores, misioneros de regreso de la Nueva Francia y alumnos llamados a jugar un importante papel en la misión que Jerónimo realizará en la edad adulta. Jerónimo sale del colegio hacia 1617, preparado intelectual y moralmente para ocupar su sitio en la sociedad y en la Iglesia. A la muerte de su padre en 1621, hereda una pequeña hacienda “de La Dauversière” de ellí proviene el título agregado a su nombre. Jerónimo sucede a su padre en el cargo de perceptor de impuestos en la región de La Flèche. Después de su unión con Juana de Baugé nacerán cinco hijos.

Hombre de fe y de acción, el Señor Le Royer colabora en la administración de la vieja Casa Dios donde se atienden a los enfermos pobres; las tres damas que están a su servicio viven de las limosnas que recogen en la ciudad. Jerónimo se pregunta que hacer para mejorar su situación. Humilde y poco fortunado, reza, consulta y espera descubrir la voluntad de Dios en los acontecimientos. Entonces, el mismo Señor interviene:

El 2 de febrero de 1630, en la fiesta de la presentación de Jesús en el Templo, con su esposa y sus tres pequeños niños, Jerónimo asiste a la misa en Notre-Dame-du-Chef-du-Pont. Después de la comunión, animado de un gran fervor, Jerónimo se siente inspirado por Dios de instituir una congregación de Hijas Hospitalarias en La Fleche, dedicada a la Sagrada Familia, bajo la particular protección de San José, para el servicio de los “pobres enfermos”.

 

MARÍA DE LA FERRE (c.1589 - 1652)

María nace hacia 1589, en Roiffé, pueblo pequeño situado en una región entregada a la reforma protestante. Hacia 1601, pierde a su madre; su padre se casa con una dama de religión calvinista (hugonote). Temiendo por la fe de su sobrina, Catherine de Goubitz la acoge en su casa de Ruigné, cerca de La Flèche. La vida social es animada y a la joven le gusta. Pero, hacia los 18 años de edad, María de la Ferre toma consciencia que solo el amor de Dios y de su prójimo puede dar sentido a su vida. Su tía quiere encontrar un buen partido, ella decide consagrarse al Señor. Habiendo tenido malos intentos de vida religiosa, María se dedica al servicio de su tía, así que a los heridos de la vida. La gente, testigo de su caridad, la llaman «la santa señorita».

Después de la muerte de su tía, María visita a los pobres enfermos en la pequeña Casa Dios de La Flèche. Un día en 1634, ve con los ojos del corazón una fila de camas y escucha una voz que le murmura : «He allí tu ocupación y la manera de satisfacer al precepto del amor...». Es así como el Señor la prepara para ser la colaboradora de Jerónimo Le Royer.